Mujer estrella. Reflexiones en torno a una mujer embarazada
Un embarazo es el
resultado concreto de la participación de un hombre y una mujer en la creación.
Acoger y querer a la criatura gestada es respetar, aceptar y asumir la misión
creadora del ser humano y su indiscutible pertenencia al universo.
Hablar de un embarazo
“no deseado” conlleva implícitamente la idea que la mujer puede “embarazarse”
conforme a su propio deseo o voluntad, lo que no es así. Esa idea es propia de
una mirada antropocéntrica de la concepción de un ser humano y no dar cabida a
la posibilidad de aceptar que la gestación de una criatura podría obedecer a
designios que van más allá de la voluntad del hombre. En el contexto anterior y
con una mirada más amplia, en la gestación de una criatura, el hombre y la
mujer participan en la creación del universo y ese Ser constituye su
trascendencia en la vida, pero no les pertenece, dada su calidad de ser
individual y único.
En toda relación sexual
consentida está presente, en forma inconsciente, la intención de la concepción
de un ser humano. Por ello, más que un embarazo “no deseado” quizás se debería
hablar de un embarazo “inesperado”, que cambia significativamente la mirada
frente al ser alojado en el vientre
materno.
Una mujer embarazada,
sea quien sea, en la condición que sea y cualquiera haya sido la situación que
inició la gestación de esa criatura, es una evidencia de la contribución del
hombre en la creación universal. Por ello es que resulta impropio hablar de
madres “solteras” o agregar otros adjetivos que especifiquen una condición
adicional a la de ser madre. La palabra Madre, con mayúscula, encierra por sí
sola la condición única y suficiente para inspirar y demandar el respeto y
consideración de toda la Comunidad, ya que todos provenimos de una mujer a
quien nunca le preguntamos si tenía algo adicional a su condición de Madre. Era
sólo eso: Madre. Y sólo por eso, y por acogernos en su seno y darnos la vida,
le debemos todo.
Lo anterior en nada
cambia si esa Madre no nos pudo cuidar durante la infancia. No nos corresponde
preguntar ni menos juzgar. Nos debe bastar con saber que nos dio la vida y nos
inició en el amor, y sólo por ello la debemos honrar junto a quien fue nuestro
padre, que aportó el simiente inicial de nuestra vida.
Una mujer embarazada es
una “mujer estrella”. Estrella porque lleva en su seno un nuevo integrante del
universo que en el caso de los chilenos, está simbolizado en nuestra bandera.
Esa criatura nos pertenece a todos y por ello debemos cuidarla. Representa
nuestra trascendencia como Nación y es nuestro futuro.