jueves, 25 de diciembre de 2014

Reconociendo al Otro: una mirada naval al pueblo mapuche.
(Publicado en la Revista de Marina Edición Nº 6/ 2014) 

Introducción
La situación que se vive en la región de la Araucanía adquiere cada día más protagonismo en los medios de comunicación, fundamentalmente por los frecuentes hechos de violencia que suceden con una periodicidad indeseada. No es una situación nueva. En las últimas décadas se han intentado variados esfuerzos para encontrar soluciones a las disímiles y variadas demandas que hacen los pobladores de esa región, problemas cuyos orígenes bien se pueden encontrar en la época colonial de nuestro país.
No es el propósito de este trabajo describir o analizar los temas que son fuentes de conflicto, sus orígenes, y menos proponer soluciones. La intención es rescatar y dar a conocer los vínculos que han existido entre una de las Instituciones de la Defensa Nacional, como es la Armada, con el pueblo mapuche.
 A primera vista, pareciera ser que esa relación no fuera posible, en atención al quehacer ligado al mar que identifica a la Institución Naval, enfrentado al territorio de la Araucanía que, además de ser eminentemente agrícola, forestal y ganadero, no posee en su costa puertos significativos o apropiados capaces de recibir naves de tonelaje superior al de un pesquero mediano. Agreguemos que el pueblo mapuche no ha sido un pueblo vinculado al mar, a excepción de un grupo de ellos, los lafkenches, que ha dedicado parte de su actividad de sustento a la recolección de algas y especies marinas, pero siempre en y desde la costa.              
En relación al título de este trabajo, es necesario especificar el vocablo “Otro”. En efecto, “El Otro y lo Otro” son términos usados en las Ciencias Sociales para señalar la alteridad, diferencia, o no pertenencia. Su significado tiene diversas interpretaciones, según sea la perspectiva o el ámbito del conocimiento en que se utiliza. Se relaciona con la identidad de la persona, pudiéndose hacer extensivo a una comunidad, sociedad o país. Los términos provienen del psicoanálisis y han sido adoptados, entre otras disciplinas, por la filosofía y la antropología. Para efectos de este trabajo, se considerará al “Otro” y “lo Otro”, como todo aquello que “yo no soy”, “no me identifico” o  “no pertenezco”. 
Un reconocimiento histórico
            Pese la escasa vinculación del territorio de la Araucanía con la Armada, la historia registra una significativa presencia mapuche en la denominación de unidades navales, tanto de combate como auxiliares. Esa presencia se remonta a la primera unidad de guerra que integró la lista naval, cuando en 1818, José Alvarez Condarco compra la fragata “Windham” y se le denomina “Lautaro”. Desde ese entonces, han sido numerosos los buques que han surcado el litoral chileno llevando los nombres que recuerdan a distinguidos integrantes de la etnia mapuche, tales como Galvarino, Caupolicán, Tucapel, Janequeo, Elicura, Orompello, Leucotón y Lientur. Especial mención se debe hacer a los submarinos clase “H”, Guale, Rucumilla, Guacolda, Tegualda, Fresia y Quidora, todos nombres de mujeres araucanas, y algunos de ellos legados a las Lanchas Torpederas que por más de 30 años, defendieron la soberanía chilena en el canal Beagle y aguas adyacentes.
                                 
Torpedera Fresia
En este último caso, los nombres no fueron adjudicados por casualidad: representaban un espíritu que era necesario recordar, hacer propio y proyectar a los posibles adversarios de ese entonces.
Muchos fueron los marinos que sirvieron a bordo de las Torpederas Guacolda, Fresia, Quidora y Tegualda, y con orgullo lucieron la insignia que los identificaba como “torpederos”  miembros de esa Fuerza que era, precisamente, un torpedo cruzado por cuatro lanzas mapuches.
En el contexto anterior, el nombre “Araucano” siempre lo ha ostentado una de las más significativas unidades de la Armada de Chile. La primera que portó ese nombre fue un bergantín español capturado en 1817. La segunda unidad con ese nombre formó parte de la Primera Escuadra Nacional, e integró la Expedición Libertadora del Perú.  Quien porta ese nombre en la actualidad es un petrolero de Escuadra, una de las unidades de mayor tonelaje en servicio. Anteriormente, fue otro petrolero y un buque madre de submarinos, ambos de dilatado servicio en la Institución.

BMS Araucano
Desde el punto de vista de la etnología, el bautizar a las unidades de la Armada con nombres mapuches constituye una “apropiación cultural”, por cuanto se pretende proyectar una determinada característica, en este caso la de una etnia, a la dotación de una unidad naval conformada por personas no pertenecientes en su totalidad, al grupo aludido.
En efecto; la gallardía, soberbia, belicosidad y el espíritu indómito del pueblo mapuche ha sido reconocido desde larga data, cantado por Alonso de Ercilla en su poema épico “La Araucana”, y adoptado como modelo e inspiración formativo. Una prueba de ello es la denominación del trofeo “Caupolicán”, que tanto en la Escuela Naval como en la Escuela de Grumetes y en el Buque Escuela Esmeralda, era otorgado al grupo que más se destacaba en deportes. Dicha denominación, que recuerda a un destacado cacique araucano, es una manera de reconocer a una cultura, que, como se ha visto, no es ajena a la institución naval.
Siempre en el ámbito formativo, en las primeras etapas de la instrucción básica que se daba a quienes se incorporaban a la Armada, se exigía conocer el nombre de las unidades navales y sus características, lo que implícitamente llevaba la obligación de conocer los hechos al que estaban asociados, por lo que las hazañas y cualidades de los personajes históricos mapuches han formado parte, desde temprana edad, del acervo cultural de todos los marinos chilenos. 

El personal mapuche en la Armada
            Otro aspecto de singular importancia, es la presencia de personal de origen mapuche en la filas de la Armada. Esta situación no deja de ser interesante y es extensiva a toda etnia reconocida por el Estado chileno (1), por cuanto revela un hecho que, desde el punto de vista de la integración, es destacable, mientras que desde una visión cultural no lo es, aún cuando esta última tiene una explicación considerando los procesos de formación militar.
Analizando el tema de la integración, en la Institución Naval el origen étnico de una persona nunca fue un foco de preocupación particular, lo que indica que pasaban a conformar la dotación de los buques y establecimientos de la Institución independientemente de su apellido, lugar de origen u otra caracterización.
Ocasionalmente, a lo más interesaba el lugar de origen, pero con el propósito de eximirlo de guardia o dejarlo con días libres cuando el buque recalaba a un puerto próximo a su hogar. Era el típico caso de los “chilotes” y era mejor aún si el buque permanecía algunos días, ya que las atenciones de la familia y amistades se hacían extensivas a parte de la dotación.
Siempre desde el punto de vista de la integración, llama la atención, positivamente, que no se llevaba registro ni dato estadístico alguno del origen geográfico, o de la etnia de las dotaciones en las Unidades o Reparticiones. Definitivamente, nunca fue un tema de preocupación. La única referencia puntual y circunstancial del origen geográfico de una determinada persona y que no se asimilaba a su origen étnico, era por actuaciones, tanto positivas como negativas, hecho aplicable a todos los integrantes de una dotación. Las referencias eran alusivas a “que es del campo”, “iquiqueño” “huaso”, “chilote”, “mapuche” “chumango”, “paitoco”, “alemanote”, etc. Lo anterior era válido tanto para los Oficiales como para el personal de Gente de Mar. 
            Lo ya aseverado, como se indicó, revela una falta de interés por los aspectos culturales de las etnias originarias en nuestro país, posición y actitud que es común a la gran mayoría de la población chilena, que incluye el desinterés de una etnia por la otra. Razones pueden haber muchas, comenzando por la permanente mirada que se ha tenido hacia la cultura y modelos provenientes de Europa y Norteamérica, a lo que podemos agregar, entre otros motivos, el esplendor de otras culturas americanas, expresado en construcciones y monumentos que han sobrevivido al paso del tiempo y han sido reconocidos mundialmente. De las etnias originarias chilenas, la cultura rapanui, es la excepción.
En relación a los mapuches, comenzando por Alonso de Ercilla y los trabajos posteriores efectuados por investigadores, artistas e historiadores, para destacar la totalidad de las cualidades y características que son propias a esa cultura, no han sido masivamente difundidos ni reconocidos, pero aquellas que demostraron en su lucha contra el dominio español, tales como la gallardía, soberbia, belicosidad, espíritu indómito y otras por las cuales muchos chilenos se identifican con orgullo, no son menores, y han contribuido a forjar la identidad nacional.
Sin duda que hay otras expresiones, tales como la música, espiritualidad, medicina y una cosmovisión mapuche, que ameritan ser conocidas y “reconocidas”. Recién en estos últimos años han aparecido publicaciones que dan cuenta de aspectos de la cultura aludida, que no se ha divulgado en forma masiva y que, de haberse hecho, muchos problemas actuales habrían sido ya superados. Si no se hizo en su oportunidad, es una responsabilidad que recae tanto en los poseedores de esa cultura que no supieron o no pudieron divulgarla, como en quienes debimos interesarnos en ella. Razones para lo uno o lo otro pueden haber muchas, pero pertenecen al pasado, lo que no significa que se enmiende lo que en su oportunidad no se hizo o se ignoró. 
              
                                                Patrullero Lautaro

El Otro en el proceso de la formación naval-militar
Anteriormente se mencionó que el origen o la etnia de una persona nunca fue foco de atención en la Institución. En efecto, desde el ingreso de una persona a una Escuela Matriz y durante toda su formación inicial militar básica, que dura del orden de tres meses, para los Instructores, aparentemente, “El Otro”, es decir la identidad del instruido, no tiene ninguna importancia. Origen, etnia, nombre u otra característica propia, pasaban a un segundo plano frente a la necesidad de conseguir que un grupo de personas sin muchas cosas en común, se identificaran y agruparan en torno a la identidad (“ethos”) institucional.
A lo anterior se debe agregar que la formación militar se lleva a cabo en torno a dos conceptos rectores: el espíritu de sacrificio y el de servicio a la Patria. En toda actividad, ambos conceptos, en particular el segundo nombrado, conllevan el supeditar el interés individual al interés colectivo o de “El Otro”, lo que implícitamente contribuye a “despersonalizar” los actos ejecutados.
Nombres, fenotipos, origen, u otra característica personal, no tienen mayor importancia frente a los logros o fracasos de una escuadra, sección, compañía, repartición o unidad. De esa manera, las capacidades, falencias, cualidades y defectos individuales se potenciaban o se disminuían en un proceso que, sin duda, tenía como resultado una homogenización que implicaba el crecimiento y desarrollo de cada individuo al nutrirse, por imitación u obligación, de los aspectos positivos de “El Otro”, al mismo tiempo que tendía a modificar o eliminar conductas no coherentes o inaceptables en la Institución.
         
La cultura mapuche y la identidad nacional.
La conformación de la población chilena, al igual que la mayoría, sino todos los países del Nuevo Mundo, presenta la característica de la fusión de pueblos nativos u originarios, con inmigraciones provenientes mayoritariamente de Europa y del Medio Oriente. Sin duda que en Chile la más importante fue la española, que con su presencia dominó el escenario hasta mediados del siglo XIX, para posteriormente incorporarse al desarrollo de la Nación, entre otros, ciudadanos alemanes, ingleses, franceses, croatas, italianos y palestinos, todos ellos contribuyendo con su cultura, tecnología y conocimientos.
Es innegable que la cultura europea, apoyada en sus conocimientos científicos y tecnológicos, se impuso como modelo preponderante frente a los procedimientos “arcaicos y primitivos” de los pueblos originarios. Lo anterior, unido a un proceso de evangelización que no admitía “competencia”, contribuyó a ignorar y desconocer la concepción que tiene el pueblo mapuche del Universo, de la naturaleza, y las fuerzas que la controlan, además del lugar que le corresponde y ocupa el ser humano en la creación.
Posiblemente lo expresado en el párrafo anterior permite dar una clave para entender las demandas de una parte del pueblo mapuche ya que, como lo expresa Díaz Fernández: “Mientras menos se conoce a una persona o a un grupo humano con el cual se convive, mayores son los prejuicios que sobre ellos se pueden concebir y mayor es la violencia que se puede desatar. Negarse a conocer al Otro, su vida, sus intereses, sus esperanzas, es negarse a reconocer su dignidad y sus derechos como persona o como comunidad humana”. (Obra citada en la bibliografía, página 15).
Se desconoce con precisión desde cuando el pueblo mapuche habita en el continente sudamericano pero, sin duda, es muy anterior a la llegada del conquistador e inmigrante europeo. El contacto íntimo con el entorno en donde desarrolló su vida, la observación de los fenómenos naturales y sus hábitos de subsistencia, generaron una cosmovisión que se manifiesta en su profundo conocimiento de la tierra, de la flora y fauna, en sus costumbres y tradiciones, que difieren de las correspondientes a las culturas provenientes del Viejo Mundo.
Estas diferencias son múltiples y quizás la que mejor las grafica, es el hecho que “mientras el europeo modifica y adapta el entorno natural a sus necesidades”, el mapuche “se adapta a él”. Evidencia de esta realidad, es la reiterada observación que se hace en el sentido que “las tierras que ocupan los mapuches no son explotadas eficientemente”. Un enfoque productivo enfrentado a uno de subsistencia.
Resulta útil destacar que el término “mapuche” identifica en forma genérica a cinco grupos diferenciados según el territorio que ocupan: los lafkenches (gente del mar), williches (gente del sur), los pewenches (gente del “pewen”, ubicados al este), los pikunches (gente del norte), y los mapuches, el grupo central y más numeroso. Entre ellos existen sutiles diferencias en hábitos y costumbres que son consecuencia del entorno en donde viven, que refrenda su adaptación al medio.  
Pese a la centenaria actividad evangelizadora de la Iglesia, la presencia de larga data de inmigrantes de origen europeo en la región de la Araucanía, y la asimilación de una gran parte de la población de origen mapuche a las normas, costumbres y tradiciones que identifican a los chilenos, persiste con fuerza una identidad propia del pueblo mapuche que se manifiesta en rituales y ceremonias que reflejan una cosmovisión que liga indisolublemente al hombre con medio ambiente, haciéndolo parte de él. Definitivamente es una visión diferente, y única.
Díaz Fernández, en su obra ya referida, expresa: “El contraste se produce al participar de los ritos sagrados mapuche. Allí se toma conciencia de que se está en un escenario absolutamente diferente. Para participar hay que ser convidado. Existen claras barreras históricas y culturales que sólo se cruzan a partir del establecimiento de relaciones personales con miembros de las comunidades. En general los ritos se celebran sólo entre mapuche”. (Página 10)(2)
                            
                                                        Petrolero Araucano
Conclusiones
            El vínculo de la Armada con el pueblo mapuche se remonta al origen mismo de la Institución, en la forma de reconocimiento a cualidades y características propias de esa etnia, cuyos personajes históricos han dado el nombre a numerosas unidades navales y han sido modelo formativo para los marinos chilenos por casi doscientos años.
En la Armada de Chile, la integración y participación de ciudadanos de origen mapuche es de larga data. No existen datos estadísticos de su grado de presencia o desempeño en la Institución, reflejando que el origen étnico no ha sido un factor a considerar en actividad alguna. Se estima que la ausencia de una norma en ese sentido ha sido absolutamente positiva, y que debería continuar así.
Al igual que la gran mayoría de la población chilena, entre los miembros de la Armada no ha existido mayor interés por las culturas originarias del país. 
El pueblo mapuche posee una cosmovisión propia fundada en su profundo conocimiento del medio ambiente en que vive. Su vinculación con la tierra obedece a una concepción que integra al hombre y a los elementos en un mismo nivel de importancia.
La identidad chilena se vería fortalecida y enriquecida con la incorporación y difusión de la cultura de los pueblos originarios, en particular el mapuche, toda vez que contribuirían, entre otros aspectos, a un mayor conocimiento y utilización de las especies autóctonas, del medio ambiente y de la particular visión del Universo desde nuestra austral posición geográfica.    
Notas
(1) El Estado de Chile reconoce ocho etnias originarias: aimara, rapanui, kawashkar, atacameña, colla, quechua, yagán y mapuche.  
(2) El autor tuvo la oportunidad de vivir esa experiencia. Jorge Lautaro Huilcaleo, distinguido Suboficial Mayor de la Armada, especialista en Artillería y de legendaria trayectoria como Apuntador de Misiles antiaéreos Seacat, tuvo la gentileza de invitarlo a Rucayeco, localidad próxima a Lumaco, y  participar en el “lakutun” de su nieto Leftxarhu (Lautaro) Kim, ceremonia en la que el abuelo le traspasa el nombre, dotándolo y fortaleciéndolo espiritualmente.   

Bibliografía.
1.- Díaz Fernández José Fernando. Misión y pueblo mapuche. Lectura crítica desde un horizonte no sacrificial. Ediciones Universidad Católica de Temuco. 1ª Edición Diciembre 2012
2.- Grebe Vicuña María Ester. Culturas indígenas de Chile. Pehuén Editores. Quinta Edición. Santiago. Marzo 2010
3.- Pozo Gabriel y Margarita Caneo. Wenumapu. Astronomía y cosmología mapuche. Santiago. Ocho Libros Editores. 2014 1ª Edición.
4.- Vio Valdivieso Horacio. Manual de Historia Naval de Chile. Imprenta de la Armada. Valparaíso. 1972  

Daniel Arellano Walbaum
Magíster en Etnopsicología PUCV


jueves, 28 de agosto de 2014

El 11 de septiembre en Chile: una mirada desde el inconsciente colectivo.

El 11 de septiembre en Chile: una mirada desde el inconsciente colectivo.

A pocos días del 11 de septiembre, nos preparamos nuevamente para que los medios de comunicación saturen los espacios de “noticias” y “reportajes” con hechos ocurridos con posterioridad a la fecha mencionada correspondiente al año 1973.  Nada nuevo. Se sabe con mucha anticipación que esto ocurrirá.
 Esta situación, propia de esta fecha en las últimas décadas, no deja de llamar la atención por la insistencia de su repetición ante una sociedad que parece ser inmune a esa “realidad” y que, majaderamente, se muestra sin importar su contexto histórico o veracidad. Pareciera ser que el efecto perseguido - el desprestigio del Gobierno Militar - no ha sido posible de conseguir, pese a la persistente ofensiva de comunicación desplegada desde larga data, principalmente por la televisión y la prensa escrita.
En ese mismo contexto, hay que agregar la exclusiva persecución judicial a miembros de las Fuerzas Armadas y de Orden, en tanto que delincuentes, subversivos, terroristas y asesinos de militares y policías son indultados, amnistiados o protegidos, siendo que muchos de ellos fueron protagonistas de hechos ocurridos con posterioridad al 11 de septiembre de 1973.
 La insistencia en repetir y concentrarse en sólo algunos hechos de la historia reciente con posterioridad a septiembre de 1973, complementada por una clara parcialidad en la aplicación de la justicia, obliga a buscar las causas más allá de la razón, por cuanto es difícil entender esa tenaz persistencia en intentar influir en la opinión de una sociedad que está cada día más alejada de la participación política.
Quizás una mirada desde el inconsciente nos podría dar una luz sobre las motivaciones por las que, medios de comunicación, y grupos interesados de personas, insisten en promover y mantener un ambiente de odio y confrontación que mantiene estancados y amarrados al pasado a algunos ciudadanos del país cuya mayoría, claramente, desea intentan mejorar sus condiciones y calidad de vida.
El inconsciente es una parte constitutiva de la psique del hombre. Su existencia fue enunciada por Freud, estudiada por Jung y complementada y desarrollada, entre otros, por Lacan, y recientemente por Castoriadis. El inconsciente humano da cuenta de actos que no tienen explicación racional o consciente; de allí que es difícil encontrar respuestas a sus manifestaciones, ya que normalmente escapan al mundo que denominamos como real, y menos a la relación causa – efecto.
El inconsciente se presenta de una manera extremadamente compleja. Quizás un ejemplo ayudará a entender su participación en las relaciones humanas: El ser humano generalmente actúa conforme a lo que quiere ser, y no lo que realmente es. Lo que el ser humano es, normalmente lo oculta y lo ve en otra persona. “Si yo soy flojo, conscientemente voy a ser trabajador y voy a detestar a los flojos”.
Lo anterior es una simplificación extrema, pero con ello se pretende llamar la atención sobre la relación entre consciente e inconsciente. “Lo que realmente Soy lo oculto, y lo veo en el Otro. Eso me justifica y lo que es más importante, tranquiliza mi conciencia”.
El inconsciente también existe a nivel colectivo, no siendo la simple la suma del inconsciente individual de los sujetos que componen una sociedad.
Se entiende como una percepción formada por vivencias acumuladas en el devenir de una comunidad y que es transmitido inconscientemente de generación en generación, o en un grupo afín. Por lo anterior, no es posible de manipular o cambiar por medios físicos o construcciones culturales humanas. Es un conocimiento mucho más profundo, que dice relación con la supervivencia y naturaleza del hombre, y que da cuenta de aquellos atributos derivados de la larga evolución del ser humano, como son, la solidaridad, el altruismo y la justicia. Desde esa perspectiva se podría intentar buscar una explicación a la ofensiva comunicativa “anti Gobierno Militar” que, una vez más, estamos próximos a experimentar.
Recientemente se publicó la encuesta del Centro de Estudios Públicos de julio de 2014, en donde, como ha sucedido invariablemente en las últimas décadas, Carabineros, las Fuerzas Armadas y la Policía de Investigaciones, ocupan los primeros lugares de las Instituciones que merecen la mayor confianza ciudadana.
Curiosamente son las mismas Instituciones que actuaron el año 1973, por más que se les intente desperfilar y separarlas de “los que apoyaron al Gobierno Militar” y “los que están actualmente en servicio activo”.
Pretender separar o hacer una diferencia entre “los que estaban antes y los que están ahora” es intentar manipular un inconsciente colectivo que tiene más de 200 años, al menos en el Ejército y la Armada. Por su parte, tanto Carabineros, la Fuerza Aérea como la Policía de Investigaciones, son instituciones que fueron formadas a partir del Ejército y la Armada por lo que comparten su antigüedad en términos del inconsciente colectivo.
Expuesto ya el resultado de la encuesta CEP, en donde quienes serán atacados mantienen nuevamente el mejor índice de confianza ciudadana, cabe preguntarse ¿qué es lo que les molesta del Gobierno Militar?
La respuesta más probable está en el mecanismo del inconsciente: a ellos les molesta que las FFAA y de Orden merezcan la mayor confianza ante la ciudadanía, muy superior a las instituciones “cultas y letradas”, y les molesta además, que las FFAA y de Orden hicieron en 1973 lo que otros grupos, en este caso el estamento político, fueron incapaces de hacer.
Para quienes fracasaron en la conducción política del país eso es inaceptable, pero la ciudadanía, que experimentó directamente los acontecimientos de la época, en su inconsciente sabe que lo que hicieron las FFAA y de Orden era exactamente lo que había que hacer, con todas las consecuencias derivadas del clima de violencia imperante en ese tiempo.
Esto ya es parte del inconsciente colectivo nacional, e independiente de lo que se cuente, se escriba o se muestre a las generaciones presentes, el juicio ya está hecho, y la experiencia vivida por los adultos de la época también es parte del inconsciente de las generaciones posteriores que no la vivieron: “Lo que se dice, no es necesariamente lo que se siente o se piensa”.
 Ahora, curiosamente, y siempre en el ámbito del inconsciente, tanto la rabia, el resentimiento y el ataque persistente denotan fuerza y resistencia, pero al mismo tiempo desgastan y debilitan. Quizás en ese ataque tenaz y continuo a las FFAA y de Orden, y en la parcialidad en la aplicación de la justicia de la que muchos de sus miembros en retiro hoy son objeto, está la explicación a la indolencia ciudadana a la participación política.
Por algo es que en la encuesta CEP ya mencionada, tanto los partidos políticos como el estamento judicial ocupan los últimos lugares en la confianza de los chilenos: ellos están absolutamente debilitados y desprestigiados porque ante la sociedad, no han cumplido, ni cumplen con su deber.
La parte consciente de la psique humana se concentra en el presente y eventualmente, en el futuro, mientras que la parte inconsciente se centra en el pasado, no sólo inmediato y propio, sino que también en el colectivo, que tiene millones de años de existencia.
Pretender, desde lo consciente, desconocer u olvidar el pasado, es enfrentarse a un legado poderoso que no es posible borrar o eliminar como es el inconsciente.
Desde esa perspectiva, es posible entender la contumaz postura de algunos grupos y personas, de analizar la historia reciente a partir de los acontecimientos del 11 de septiembre de 1973, haciendo caso omiso de todos los hechos ocurridos con anterioridad. Es la explicación humana a encontrar la culpa en el Otro, atacándolo permanentemente, intentando con ello ocultar las malas acciones, omisiones o faltas propias.
“Miremos desde el 11 de septiembre de 1973 en adelante, porque lo que pasó antes no lo quiero ver, ya que Yo soy responsable y culpable de ello”. Pero el “que no quiero ver” está, lo estará siempre y seguirá molestando mientras no se reconozca, como también se hace con la tarea efectuada por el Gobierno Militar: “Ellos hicieron lo que mi grupo político no hizo o no fue capaz de hacer, y por ello debo atacar y desprestigiar su obra”.
Ambos hechos, la labor del Gobierno de las FFAA y de Orden y el no reconocimiento de la situación de violencia que vivía el país, están en el inconsciente colectivo nacional. Eso no se puede cambiar, ni va a cambiar por declaraciones ni escritos provenientes de los medios de comunicación.
La realidad nacional que se muestra es otra, y está claramente reflejada en la encuesta CEP, lo que nos permite evidenciar la compleja relación entre el consciente e inconsciente del ser humano.
Luego, es posible inferir que reconociendo, o al menos dejando de atacar al Gobierno Militar, y administrando justicia a los miembros de las FFAA y de Orden en forma imparcial, la confianza ciudadana en los partidos políticos y en los tribunales de justicia, podría aumentar en el mediano plazo.
De no ser así, quienes se ubican en los lugares más bajos en términos de la confianza ciudadana continuarán enfrentándose a un adversario que es inmune a sus embates, como es el inconsciente colectivo nacional, con el agravante que además de desgastarse y debilitarse, incrementará su desprestigio ante la sociedad.
Por el contrario, las FFAA y de Orden, como Instituciones asociadas por la ciudadanía con el Gobierno Militar, seguirán siendo positivamente valoradas.
Lo expresado anteriormente no significa que se deba observar pasivamente los embates de los medios de comunicación en contra de la labor del Gobierno Militar de las FFAA y de Orden, o que se olvide a quienes se encuentran detenidos sin haber recibido un debido proceso legal.
Pareciera ser que el camino no es el del enfrentamiento ni la respuesta a posturas que, se sabe, obedecen a un deseo de justificar las falencias o fallas de un grupo, en este caso el estamento político, culpando a otros.
En la medida que se responde a un ataque, se está reconociendo la existencia del atacante, y en este caso es posible ignorarlo: apagar el televisor, no leer los diarios o no reaccionar ante el ataque.
En términos del inconsciente colectivo nacional, es una posición histórica obtenida, no buscada, por las FFAA y de Orden, y el esfuerzo a desplegar debe ir en acciones tendientes a promover la tranquilidad y progreso a nuestra sociedad, y en particular haciendo presente, en cuanto foro sea posible, la pérdida del estado de Derecho en nuestro país.
En el contexto anterior, como miembros de las FFAA y de Orden en retiro, nos cabe la gran responsabilidad de buscar la unión de las todas las Instituciones nacionales de personal retirado que tienen origen e intereses afines a los propios.
En un ámbito más amplio, y con la concurrencia de todo chileno preocupado por el futuro de su descendencia, por nuestra formación militar, la comunión de doctrina y el espíritu de servicio y sacrificio en el cual fuimos formados, nos permite (y quizás nos obliga) acudir a apoyar a quienes no se sienten representados, participando en nuevos referentes para organizaciones y ciudadanos que sólo desean lo mejor para el futuro de Chile, alejados de doctrinas foráneas o intereses transnacionales.
Sabemos que contamos con el apoyo de una mayoría silenciosa de chilenos que sólo aspiran al orden, tranquilidad y progreso de la Patria. Allí están: sólo esperan a buenos líderes.
Frente a los ataques y diatribas cargadas de odio y resentimiento que se emitirán en los próximos días cercanos al 11 de septiembre, recordemos que quienes atacan es porque la evidencia y la realidad les son molestas, y que en ese empeño se desgastan y se debilitan, mientras que los atacados se fortalecen.
Concentremos nuestra energía en donde vale la pena, y no en rechazar ataques que reflejan culpa y frustración. El juicio de la ciudadanía ya está hecho: el 11 de septiembre de 1973 y la labor del Gobierno Militar, constituyen un acto fundacional del Chile del siglo XXI y es parte del inconsciente colectivo nacional.

viernes, 18 de julio de 2014

Mujer estrella

Me pronuncio por la vida. Creo que nuestro cuerpo no nos pertenece y que no podemos hacer lo que se nos antoje con el. Pienso que en nuestra ínfima presencia en el Universo, somos parte de un solo sistema que une a toda la creación. Por lo anterior y ante la reciente discusión sobre la legalización del aborto, escribí estas reflexiones.

                         Mujer estrella. Reflexiones en torno a una mujer embarazada
Un embarazo es el resultado concreto de la participación de un hombre y una mujer en la creación. Acoger y querer a la criatura gestada es respetar, aceptar y asumir la misión creadora del ser humano y su indiscutible pertenencia al universo.
Hablar de un embarazo “no deseado” conlleva implícitamente la idea que la mujer puede “embarazarse” conforme a su propio deseo o voluntad, lo que no es así. Esa idea es propia de una mirada antropocéntrica de la concepción de un ser humano y no dar cabida a la posibilidad de aceptar que la gestación de una criatura podría obedecer a designios que van más allá de la voluntad del hombre. En el contexto anterior y con una mirada más amplia, en la gestación de una criatura, el hombre y la mujer participan en la creación del universo y ese Ser constituye su trascendencia en la vida, pero no les pertenece, dada su calidad de ser individual y único.
En toda relación sexual consentida está presente, en forma inconsciente, la intención de la concepción de un ser humano. Por ello, más que un embarazo “no deseado” quizás se debería hablar de un embarazo “inesperado”, que cambia significativamente la mirada frente al ser alojado en el  vientre materno.
Una mujer embarazada, sea quien sea, en la condición que sea y cualquiera haya sido la situación que inició la gestación de esa criatura, es una evidencia de la contribución del hombre en la creación universal. Por ello es que resulta impropio hablar de madres “solteras” o agregar otros adjetivos que especifiquen una condición adicional a la de ser madre. La palabra Madre, con mayúscula, encierra por sí sola la condición única y suficiente para inspirar y demandar el respeto y consideración de toda la Comunidad, ya que todos provenimos de una mujer a quien nunca le preguntamos si tenía algo adicional a su condición de Madre. Era sólo eso: Madre. Y sólo por eso, y por acogernos en su seno y darnos la vida, le debemos todo.  
Lo anterior en nada cambia si esa Madre no nos pudo cuidar durante la infancia. No nos corresponde preguntar ni menos juzgar. Nos debe bastar con saber que nos dio la vida y nos inició en el amor, y sólo por ello la debemos honrar junto a quien fue nuestro padre, que aportó el simiente inicial de nuestra vida. 
Una mujer embarazada es una “mujer estrella”. Estrella porque lleva en su seno un nuevo integrante del universo que en el caso de los chilenos, está simbolizado en nuestra bandera. Esa criatura nos pertenece a todos y por ello debemos cuidarla. Representa nuestra trascendencia como Nación y es nuestro futuro.   

viernes, 13 de junio de 2014

El amor en las Fuerzas Armadas de Chile


El amor no es un tema recurrente en las Fuerzas Armadas, ni de Chile, ni del mundo. En el ámbito castrense, la palabra “amor” normalmente se asocia exclusivamente al sentimiento que existe entre un hombre y una mujer. Para el sentimiento que se puede generar entre camaradas de armas, entre los integrantes de una misma promoción, entre superior y subordinado u otros grupos propios de una organización de tipo militar, el vocablo utilizado para describir ese vínculo es “afecto”. Resulta muy difícil, sino impensable, hablar de “amor” entre camaradas de armas o entre un superior y subalterno, aunque el afecto sea una manifestación de amor.
El pensamiento de Sigmund Freud, creador del psicoanálisis y conocido por su visión de las relaciones humanas basadas en la sexualidad, postulaba que existía un tipo de amor que denominó “de meta inhibida” y otro, como “amor sensual”. Quizás esta clasificación resulte útil para entender y conceptualizar la diferencia entre “amor” y “afecto”, como son entendidos al interior de las Fuerzas Armadas.
El primer caso es, por ejemplo, el amor de un padre hacia su hijo, o el que se siente hacia los hermanos o amigos. Ese tipo de amor no tiene sexualidad asociada y de allí su identificación como de “meta inhibida”.El otro tipo de amor, el indicado como “sensual”,conlleva la sexualidad o la intención de establecer una relación de tipo sexual.
Antes de continuar con este análisis, resulta útil recordar que las Instituciones castrenses ejecutan su labor en un ambiente de permanente riesgo y bordeando los límites de la temeridad. El entrenamiento para su función militar así lo exige y, pese a las medidas de seguridad y estrecha supervisión, ocurren accidentes, muchas veces con serias consecuencias, incluso fatales. Independientemente del “afecto” que pudiera existir entre camaradas de armas, todo superior al asignar personal para ejecutar una actividad determinada, sabe que hay riesgos implícitos y que, eventualmente, podrían ocurrir accidentes.
Otra consideración, no menos importante, son los limitados y estrechos espacios en que se debe convivir: dormitorios, cuadras, entrepuentes y salas de operaciones tácticas, por nombrar algunos lugares, a lo que se debe agregar eventuales aislamientos geográficos. Estas últimas consideraciones son de particular relevancia en la Marina. Basta tener en mente los mínimos espacios de habitabilidad que existen en una Lancha Misilera, Patrullera de Costa o en una Fragata. 
Continuando con el tema de la presencia del amor en las Fuerzas Armadas y conforme a lo expuesto anteriormente, el “afecto” que se genera entre los individuos de las Instituciones castrenses corresponde a un amor de “meta inhibida”, siendo un sentimiento que en nada altera el normal desempeño de las funciones profesionales. No sucede lo mismo con el amor paterno, el amor filial o el correspondiente a vínculos familiares, todos ellos también en la misma categoría de amor de “meta inhibida”.
En efecto, dada la fortaleza de ese lazo, es posible que se produzcan distorsiones en la cadena de mando cuando padre e hijo, hermanos o parientes próximos forman parte de una misma dotación. Resulta comprensible, por un sentimiento de protección natural, que un padre exima o evite que su hijo asuma riesgos. Igual cosa sucede con los hermanos, y es por ello que existen leyes no escritas, que desgraciadamente no siempre se cumplen, como el no destinar a una misma Unidad o Repartición, a padre e hijo o a parientes próximos. Es decir, resulta inadecuado e inconveniente, para el cumplimiento eficaz y eficiente de la función militar, la presencia de un vínculo paterno o filial en una misma Unidad ya que, como se señaló, es posible esperar severas distorsiones en la cadena de mando. Afortunadamente, siendo una situación fácilmente identificable, se puede evitar su ocurrencia.
En el caso del “amor sensual”, este tiene ciertas particularidades. La primera de ellas es que es impredecible. No es posible determinar en qué momento una persona se va a enamorar ni de quién. Este sentimiento nace en cualquier momento y circunstancia. Por otro lado, la expresión o deseo sexual es una pulsión humana muy poderosa y la historia demuestra que han existido múltiples caos de eventos virtuosos y también tragedias, como consecuencia del nacimiento de un vínculo sensual entre dos personas. Ese vínculo sensual, que conlleva implícito el deseo de una relación total e íntima como es la sexualidad, puede tener la intención de ser permanente, o sólo obedecer una pulsión sexual pura, pasajera y sin compromiso ulterior.
En cualquier Institución, pese a todas las restricciones que se puedan implementar e imponer por vías administrativas, el vínculo de carácter sensual puede nacer en cualquier momento (independiente de la jerarquía, situación conyugal, edad, etc.) La existencia de este tipo de vínculo entre dos personas, ya sea permanente o circunstancial, se proyecta en todos sus ámbitos haciendo muy difícil, sino imposible, separar lo profesional de lo personal. Bien sabido es que en la vida civil hay empresas que prohíben el trabajo simultáneo de cónyuges en el mismo lugar y también existe una regla ética, no escrita, que cuando la Secretaria y el Jefe se enamoran, uno de ellos debe renunciar a su trabajo.
Proyectando la existencia de vínculos de carácter sensual en las Instituciones de la Defensa Nacional, se debe agregar a lo ya expuesto en el párrafo precedente, su condición de organizaciones disciplinadas y jerarquizadas, cuya función de servicio a la Nación se basa en el cumplimiento del deber, que les  exige disponer y destinar los mejores medios y personas al cumplimiento de una tarea.
Tal tipo de decisión no puede estar condicionada a ninguna otra consideración que no sea la estrictamente profesional. La existencia de vínculos paternales, filiales o sensuales, sin duda alguna influyen en el proceso de toma de decisiones, lo que, definitivamente, es inaceptable. Como ya se expuso, es posible prever y evitar la ocurrencia de situaciones en que se presenten vínculos paternales o filiales, pero en el caso de vínculos sensuales, ello no es posible. Estos, se insiste, nacen en cualquier momento y circunstancia.
Un sentimiento que conlleva la sensualidad, a pesar que se mantenga oculto o que no se exprese, afecta por igual a las decisiones que se deban tomar en beneficio del cumplimiento del deber. Esa posibilidad, aunque sea muy remota, es de muy alto riesgo e inaceptable en la función militar, donde el servicio eficiente y eficaz debe ser la norma, puesto que puede conllevar incluso, la pérdida de la propia vida, o la de sus camaradas de armas.   

Estas situaciones se han presentado en todas las Fuerzas Armadas del mundo y  también en las de Chile. Pese a ello, se insiste actualmente en utilizarlas como campos de experimentos sociológicos o culturales para obtener apoyos mediáticos de corto alcance, sin que incluso, los líderes políticos, comprendan que la obediencia militar y el apego a leyes y reglamentos también incluye la protección de los valores superiores de la sociedad que las cobija, los que hoy se trata de minimizar o desconocer.

miércoles, 28 de mayo de 2014

Mi deuda con Berlín
Dedicado a Peter Fechter.
Durante muchos años y por razones que no encontraba explicación alguna, sentí tener una deuda con Berlín, específicamente con lo que fue Berlín Oriental. Una fuerza, de origen desconocido, me impulsaba a ir a esa parte de la legendaria e histórica ciudad alemana, pero no lograba encontrar la motivación de ella.
            El año 1982, mientras estudiaba en Besançon, Francia, se presentó la oportunidad de ir, pero las condiciones políticas del momento y la situación en que me encontraba no eran las más propicias. En ese entonces, el Gobierno de Francia era de ideología socialista, con François Mitterand como Presidente y en consecuencia afín con el régimen de la República Democrática Alemana (RDA); Chile estaba bajo el Gobierno Militar; Alemania estaba dividida y con el Muro de Berlín plenamente vigente, y en Alemania Oriental se encontraban numerosos chilenos en condición de refugiados políticos y opositores al Gobierno Chileno y a las Fuerzas Armadas, a lo que se agregaba mi condición de Oficial de la Armada de Chile sirviendo en la Marina Francesa. Planteada la intención de cruzar el Muro e ir a Berlín Oriental a mis compañeros de curso alemanes, todos coincidieron que no era una buena idea. La prudencia primó por sobre el desconocido impulso que dirigía mi atención a la emblemática ciudad alemana.
            Más de 30 años transcurrieron hasta que nuevamente se me presentó la oportunidad de ir a Berlín. Las condiciones políticas eran totalmente diferentes: Alemania se había unificado nuevamente y el Muro había sido derribado, pero mi deuda con la ciudad se mantenía. En el momento de considerar el lugar de hospedaje, no hubo duda en elegir un hotel próximo a la Alexanderplatz, que era el corazón y punto de reunión social de Berlín Oriental. Definitivamente, una fuerza me dirigía hacia lo que había sido un importante polo en la vida de la ex República Democrática Alemana. Con el afán de identificar esa fuerza, no había otra cosa que hacer que recorrer la ciudad y visitar aquellos lugares que intuitivamente llamaran la atención.
            La actual capital de Alemania ofrece muchísimas interesantes y variadas atracciones. Por destacar algunas, se debe comenzar por la conocida “Isla de los Museos” en donde es posible apreciar el impresionante “Altar de Pergamon” o admirar la belleza de Nefertiti; la Columna de la Victoria, custodiada por el Canciller Bismarck y los Generales Von Moltke y Roon; la Puerta de Brandemburgo, en donde todavía es posible apreciar por donde se extendía el Muro que dividió la ciudad; grandes edificios públicos e iglesias que sobrevivieron a los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial y otros que conservan sus heridas; sectores que recuerdan la gloria del pasado como Charlottenburg y Potsdam, a lo que se agregan testimonios de lugares históricos más recientes como son el Check Point Charlie y el Museo de la RDA.
Recordemos que con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial, Alemania fue dividida por las potencias aliadas en cuatro sectores: Británico, Estadounidense, Francés y Soviético. Lo mismo sucedió con Berlín, donde cada potencia ejercía el control y dominio en el área que le correspondía. Al poco tiempo comenzaron a surgir las diferencias ideológicas debido a la conducción de la sociedad, destacándose la postura soviética, abiertamente opuesta a las libertades que regían en los sectores supervisados por las otras potencias ya nombradas. Se establecieron controles a las personas y a su desplazamiento, hasta culminar con la construcción del tristemente célebre Muro de Berlín.
Check Point Charlie atraía mi atención, seguramente por ser el lugar por donde se cruzaba el Muro y se pasaba de Berlín Occidental a Berlín Oriental y viceversa. En ese lugar ocurrieron muchos y graves incidentes. Este control, que apareció en muchas películas y noticieros de las décadas de los años 60, 70 y 80, fue un símbolo de la Guerra Fría y era el pasaje que comunicaba sociedades ideológicamente antagónicas.
 Era la “ventana” que permitía soñar con el encuentro entre familias, abuelos, padres e hijos, seres humanos todos, que habían sido separados artificialmente por un muro “protector”. Efectivamente, el Muro de Berlín fue construido por las autoridades socialistas de la República Democrática Alemana con el propósito de “asegurar la paz”, pero la realidad indicaba que el verdadero motivo era impedir la huída de alemanes desde el sector soviético. Desde 1949 a 1960 huyeron a occidente 2.460.000 personas. Sólo en julio de 1961 hubo 30.400 refugiados.
En la actualidad es muy poco lo que queda del puesto “Check Point Charlie”. En sus proximidades, una exposición de fotografías muestra la realidad de la época: la huída, la separación de las familias y las personas abatidas en su intento por alcanzar la libertad, asesinadas por las fuerzas de seguridad de la República Democrática Alemana. Recorrer la exposición es impactante. Muestra las diferentes etapas de la construcción del Muro, las personas que lograron huir y aquellos que fallecieron en el intento. Hay dos fotos emblemáticas: la primera es la de un soldado, Hans Conrad Shumann, que en 1961, siendo de las Fuerzas de Seguridad de la RDA, escapó a Berlín Occidental.

               
Hans Conrad Shumann, de las Fuerzas de Seguridad de la República Democrática Alemana, salta las alambradas y huye a occidente. Es una de las fotos más emblemáticas de la Guerra Fría, el enfrentamiento ideológico entre Estados Unidos de América y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

La segunda foto, de un dramatismo impactante, es la de Peter Fechter, un albañil de 18 años. El 17 de agosto de 1962, Fechter intentó huir y recibió varios disparos de las Fuerzas de Seguridad de Berlín Oriental, muriendo desangrado al pie del muro, en la Zimmerstrasse.
                               
Peter Fechter se desangra impactado por las balas de los guardias de Seguridad de la República Democrática Alemana

Desde la construcción del Muro en 1961 y hasta su destrucción, en 1998, en la frontera interior alemana hubo un total de 265 víctimas, más de 100 de ellas por intentos de fuga en la frontera berlinesa.
Sobrecogido por las impactantes imágenes y el respetuoso silencio de los asistentes, decidí recorrer la exposición por segunda vez. Observando una de las primeras fotografías, pude relacionar y entender el origen de mi deuda con Berlín. La escena mostraba la huida de 57 personas el 5 de octubre de 1964 a través de un túnel en la Bernauer Strasse. Esa misma escena la había visto en el cine 50 años atrás. En efecto; durante la década de los años 60, una importante actividad recreativa constituía ir al “teatro” (cine en la actualidad) a la función de la “matiné”. Previo al inicio de la película se exhibía el noticero “UFO, El mundo al instante”, que mostraba actividades en diferentes partes del planeta. A los 13 años, la escena de la huída, la construcción del muro y las desgarradoras escenas de familias separadas, sin duda me tienen que haber impresionado mucho, quedando grabadas en mi inconsciente, encapsuladas, al ser incapaz de encontrar explicación para tamaña barbaridad humana.
Abandoné el sector del Check Point Charlie y decidí caminar al museo de la ex República Democrática Alemana, para ver el “paraíso” que tanto resguardaban y protegían con El Muro de Berlín. Nada de la “maravillosa sociedad” que tenían, me impresionó. Lo que más me llamó la atención era el estrecho control y vigilancia de las personas ejercido por la Policía Secreta, la tristemente famosa STASI, los privilegios que tenían los miembros del partido gobernante y el dogmatismo y concientización a través de la educación. Como curiosidad, debo mencionar que en la exposición se destacaba la práctica del nudismo llevada a cabo por los habitantes de la Alemania Oriental, que más que un estilo de vida, fue una manera de protestar ante la restricción a las libertades impuestas por el gobierno socialista de la época.
No fue una tarde feliz y en el camino de regreso al hotel, sorpresivamente me encontré con dos estatuas negras, rodeadas de una suerte de muros que me causaron una primera impresión de corresponder a cuerpos humanos mutilados: eran las estatuas Marx y Engels.

            Me senté a meditar sobre lo que había visto en Check Point Charlie, el Museo de la RDA y mis recuerdos de infancia, pero por sobre todo, los trágicos acontecimientos vividos en Chile, como consecuencia del intento de imponer la ideología marxista durante las décadas de los años 60 y 70, practicando “ingeniería humana”, con la idea de crear un “hombre nuevo” intentando destruir o cambiar a la naturaleza humana. Doctrinas políticas y construcciones culturales basadas en teorías inspiradas en idealismos utópicos, surgidos en las últimas décadas del siglo XIX y comienzos del siglo XX, dieron cabida a asesinatos masivos, rupturas familiares, hambrunas y destrucción psicológica de miles de personas. Las consecuencias de esos profundos traumas aún se dejan sentir en muchas sociedades, incluyendo la chilena. Tanto Marx como Engels tuvieron, tienen y tendrán siempre una cuota de responsabilidad en ello.
            En los 45 minutos que estuve contemplando las estatuas, a excepción de un ciclista que se detuvo un par de segundos a arreglar su casco, nadie más pasó frente a este triste y obscuro monumento. Al parecer, estos dos personajes están destinados a permanecer solos, rodeados por esos bloques de cemento que dan la impresión de mostrar cuerpos humanos mutilados, cortados, separados y despedazados, que simbólicamente dejan en evidencia las consecuencias de su pensamiento y de su obra.
            Cancelar mi deuda con Berlín no estaría del todo saldada sin dejar de mencionar que no deja de sorprenderme el constatar que en nuestro país, aún existan personas que practican y defienden ideologías totalitarias. Al parecer, la dramática realidad que se expone en el Muro de Berlín y que ha sido difundida en el mundo entero, no ha sido suficiente como para aprender la lección y entender que el libre albedrío es propio de la naturaleza humana, y que esta tiene miles de años de evolución, por lo que todo intento de alterarla artificialmente está destinado al más rotundo fracaso.

            No estoy completamente convencido de haber cancelado mi deuda con Berlín, pero si estoy seguro que mi compromiso con la vida, la libertad y la dignidad del ser humano, es y será eterno. Mi visita a Berlín me lo recordará permanentemente.