lunes, 6 de junio de 2011

Homosexuales y matrimonio

En los últimos días, en los medios de comunicación se ha intensificado el debate sobre la idea de un "matrimonio homosexual". Desde un punto de vista evolutivo e histórico, la evidencia señala que el entorno más apropiado para la formación de la identidad de un ser humano, es aquel conformado por una mujer y un hombre. En ese entorno se da la alteridad y complementación necesaria para que un individuo defina y forme su propio ser, en un marco de necesaria seguridad.
Si a ese entorno, ya suficientemente bueno, culturalmente le agregamos un vínculo que sea refrendado por la sociedad en la forma de una ley, que otorgue una mayor seguridad y permanencia en el tiempo a ese espacio en donde este ser humano se desarrollará, tanto mejor para él, y si a mayor abundamiento, le sumamos un vínculo espiritual, estaremos ante una construcción cultural que ha demostrado su conveniencia y valor en la historia. Es lo que en muchas culturas se ha denominado matrimonio.
El identificar una unión que implique un lazo sensual de personas del mismo sexo como un “matrimonio” conlleva a confundir ese concepto y atenta contra la naturaleza humana, sin desconocer que ese tipo de uniones han existido en la historia.
Quizás el mérito de buscar una fórmula para reconocer la unión sensual de personas de un mismo sexo, no en la forma de un matrimonio, será dejar en evidencia la inclinación sexual de muchas personas y así evitar el engaño que experimentan hombres y mujeres que se unen en la creencia que el otro posee una sexualidad definida conforme a lo que aparenta, pero que es falsa. Así se estará contribuyendo a la “selección natural”, ausente en muchos aspectos entre los seres humanos.



 

1 comentario:

  1. Estoy de acuerdo en que el matrimonio legal, con un vínculo además espiritual, entre un hombre y una mujer es el mejor lugar para formación de la identidad de un individuo. Sin embargo, existen otras construcciones culturales que también resultan ser buenas, y a veces más que buenas para lograr el mismo objetivo: una pareja de convivientes y los hijos que respectivamente aportan cada uno, un abuelo y su nieto, un padre viudo a cargo de sus hijos, una madre separada que cría sola o una mujer que decide adoptar sin tener una pareja estable y definida. Pero la pregunta que surge cada cierto tiempo es ¿Son ellos también “familia”? Familia en el sentido nuclear o conyugal - la “forma” - como la define la legislación en nuestro país no, pero si familia en el sentido de “fondo” que es de proveer un ambiente propicio para la formación de la identidad, educación y protección del ser humano. Y entonces caemos en discusiones que tienen que ver más con la semántica y que distraen la verdadera discusión de fondo. Lo mismo pasa con el tema contingente de las uniones entre personas del mismo sexo. Es evidente y estoy de acuerdo en que no se puede llamar matrimonio a esas uniones sentimentales - no sensuales como peyorativamente las llamas - porque matrimonio por definición es la unión entre un hombre y una mujer. Pero sí podemos utilizar o aprender a utilizar alguna nueva forma para referirnos a dichas uniones. Acuerdo de Vida en Común como el gobierno quiere llamarlas por poner un ejemplo es centrar la discusión en el fondo, no en la forma. Legislar acerca de estas uniones tiene más mérito que sólo saber quién es quién en nuestra sociedad, es intentar garantizar los mismos derechos para todos los individuos independientemente de la inclinación sexual que cada uno tenga.
    Paula K.

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